lunes, 13 de abril de 2015

Emilio Rojo 2013 o como resistir a la tentación

Hace ya casi dos años, hay que ver cómo pasa el tiempo, me parece que fue ayer cuando Emilio Rojo me decía que la cosecha 2012 no saldría en Junio como era habitual, que quería darle más tiempo, hacer el vino más longevo y saldría en marzo de 2014.

Todo lo que rodea a Emilio Rojo tiene como un aura de ermitaño, como si viviese en una cueva y fuese un alquimista que elabora pócimas. Muchos dirán que su repercusión es excesiva, que hay vinos a su altura que no tienen ese plus de exclusividad. Pero lo cierto es que, Emilio Rojo aplica un sentido común aplastante en todo lo que hace, no busca aumentar producción, sigue elaborando la misma cantidad de botellas, no elabora segundos vinos, solo busca hacer cada año un gran vino.
Todos conocemos ejemplos de vinos que empezaron con pocas botellas y actualmente elaboran 10 veces más, me parece mucho más honesto la opción de otros elaboradores, realizar nuevas marcas para ampliar su catálogo y no ampliar sus marcas más deseadas.



Emilio Rojo ha optado por mejorar su vino, hacer un vino aún más grande, un vino de talla mundial. No en vano, cada día exporta a más países y está presente en las cartas de los mejores restaurantes.
Las pocas botellas que nos vende se agotan a los pocos días de llegar, eso creo que es un hándicap para su vino, porque al poco tiempo lo abrimos y resulta muy complicado probar el vino con años.
Esta reflexión me viene a la cabeza a raíz de dos acciones.

La primera arranca una semana antes de visitar a Emilio Rojo. 

Unos amigos me permitieron participar en una reunión, se trataba de llevar una gran botella de vino cada uno y disfrutarlas durante una comida, como no podía ser de otra manera el local era el Bagos, en un principio decidí llevar un Emilio Rojo 2013, lo recogería 2 días antes de la comida, hablando con Adrián saltó la primera chispa, siempre probamos Emilio Rojo cuando nos llega y no le damos tiempo.
Cuando le conté que tenía una botella de Emilio Rojo 2012 guardada no hubo más que hablar, lo cierto fue que al final nos apeteció mas abrir un La Pena 2010 de Dominio de Bibei y por suerte podré guardar un poco más esa botella de Emilio Rojo 2012. Pero durante la comida pasó otra cosa que dio origen a este post, como veréis en la foto con las botellas del día.


La segunda chispa saltó con el vino del que más disfrutamos en la comida, Zarate El Palomar, probamos las añadas 2007 y 2009, empezamos a elucubrar como conseguir más botellas antiguas de Zarate El Palomar, había envejecido increíblemente.

La otra acción fue de un cliente, un cliente que tras leer el libro Galicia entre Copas de Mariano Fisac, nos llamó para conseguir 2 botellas de Emilio Rojo 2013, cuando vino a buscarlas le comenté que llevaba 2 semanas embotellada, que intentase darle tiempo, a los dos días publicaba en Instagram las fotos descorchando la botella, lo entiendo perfectamente, no pudo evitar caer en la tentación, espero que a la segunda botella si sea capaz de darle un poco más de tiempo.

Un amigo me contó como había disfrutado de un Emilio Rojo 2007 recientemente, ese disfrute nos lo estamos perdiendo por caer en la tentación, por no tener la paciencia de dejarlo olvidado en un rincón y dejar que pasen unos años por él, yo de momento resisto un poco más, intentare seguir olvidándome de mi botella de Emilio Rojo 2012 y conseguir que me proporcione el mayor placer posible.

Para terminar os dejo con una canción sobre lo de caer en la tentación.


Pd. Si no fuisteis capaces de resistir la tentación de descorchar Emilio Rojo 2012 o no tuvisteis la oportunidad y os gustaría hacerlo, solo conozco un lugar donde podréis hacerlo, se trata de un restaurante en Hio, se llama Doade y allí podréis acompañar el vino con pescados y mariscos a la altura del mismo, pero daros prisa porque ya le quedan muy pocas tentaciones por descorchar.

¡Viva el vino!
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